Arribamos al terreno de juego y no sabíamos si era realidad lo que veíamos: una serie de monjes en la cancha, siendo que era domingo en la mañana, el día del señor. Nos preguntábamos si nos habíamos equivocado de lugar, si es que habíamos llegado a una peregrinación, si era una misa de resurrección, si era verdad el vaticinio del Apocalipsis chileno que indicaba el fin de nuestra existencia: la resurrección de Pinochet.
“Aterrados no sabíamos si escapar
Tomar nuestras armas y luchar
Si es que la muerte había de llegar
Me lamentaré porque nunca pude for….. mar una familia, tener descendencia, etc.”
Los monjes se sacaron sus sotanas y vimos que llevaban uniforme de equipo de fútbol al igual que nosotros. Eso nos llevo a tranquilizarnos y entrar a la cancha más relajados, ya que ninguno de los presagios que augurábamos en un comienzo se irían a cumplir.
Comienza el partido y como todo clásico con Santa Fe fue un partido de mucho roce, mucho juego en mitad de cancha, llegadas para uno y para otro lado.
En el primer tiempo el marcador no se movió, hubo llegadas para ambos lados, momentos en que el control del balón lo tuvieron más ellos y momentos en que nosotros dominamos la posesión de la de cuero. La jugada más importante fue una que tuvo Javi y que la pelota en vez de ir a parar en las redes, fue a parar en las costillas del arquero religioso, dejándolo a mal traer. Un par de oraciones a la Virgen María y de vuelta a la cancha. Eso sí, claramente el Señor estaba del lado de ellos, ya que promediando los 15 minutos sufrimos la lamentable lesión del Negro Luís, quien recibió la oportuna pero inexperta atención del médico de la Liga.
El segundo lapso fue más apasionante, ya que en este lapso se registraron los dos goles del partido, lamentablemente, uno para cada lado. El 1-0 fue obra de un compadre moreno de pelo corto, quién logra escabullirse de la marca de los defensas tras un saque de banda y encara sólo a Bianchi, ganando éste en primera instancia pero tras un rebote, el delantero rival apela llevándose el duelo en una segunda instancia. Qué injusticia, pero bueno así es la vida y había que seguir no más. El 1-1, a la postre resultado final, fue obra de Pablo tras insistencia, igual que el primer gol, le atajan el tiro y el arquero da rebote dejando la pelota servida para igualar el marcador.
El final del partido fue dramático, algo así como las Cruzadas, en que se enfrentaban los musulmanes cumbieros frente a los católicos. De nuevo nos volvió a pesar la falta de finiquito, fueron una tras otra las jugadas que nos perdimos frente al arco rival. La diferencia es que el partido pasado lo ganamos y éste no, así que el no meter los goles nos pesa mucho más ahora. Un palo del Bilon, un par de ocasiones claras de Pablo, intentos fallidos de Mati, varios cabezazos del Caco, unos pencazos y pechugazos de Javi y nada, absolutamente nada. Cabe destacar que el nivel mostrado por el equipo en el segundo tiempo fue de alto calibre, se dominó a los acólitos en gran parte del lapso, se tuvo ocasiones claras, se tuvo el control del balón, salvo un par de remantes nuestro arquero no tuvo mucha tarea y eso habla de que el equipo va en curva ascendente en su rendimiento. Los goles ya vendrán, lo bueno es que somos protagonistas.
En conclusión, los acólitos deberán rezar varios Padre Nuestro, Ave María, leer San Marcos y San Mateo enteros y aprenderse de memoria Génesis y Pentecostés. La suerte que tuvieron aquel domingo en la mañana no se repetirá.